Sigo en Pondicherry. Somos 10. Todos de distintos países, con distintos propósitos. Carlo estudia Tablá, todos los días. Al escuchar es como si estuvieran tocando varias personas pero es solo uno.
También creo que aquí se multiplican las cosas. No es Carlo, es el aire. En la entrada, hay siempre 3 hindúes, porque acá nadie trabaja solo. Hay veces que invitan a sus amigos y son más de los que estamos viviendo acá.
Todos de piel mate, comida diariamente por el sol. Delgados y con los pantalones bien puestos en la cintura, muy setentero. Es la influencia de Auroville. Y hablando indlish, como el mejor inglés del mundo.
Todos viajan solos. Todos viajan con todos, acompañados y cuidándonos permanentemente. No hay mucho de que cuidarse, más que de los mosquitos o del Chicken Tandori extra spicy. Del sol que a veces mata en la calle, de los turistas motorinos que son los únicos que paran en las esquinas ese es el tema, esta sociedad es de movimiento y de desplazar,no hay que parar, si disminuir. Debe ser porque los hindúes no saben decir que no y todo lo alargan infinitamente. El tiempo corre suspendido, no hay hora.
Los amaneceres ocurren en cualquier parte. Solo hay que saber buscarlos, van de la mano con un par de sonrisas y muchas palmeras. Y así vamos matando los días, con tardes de cine (auspiciado por mi Dell, la películas pirata de Jen y los parlantes de los chicos documentalistas) paseos en moto a otras playas, hasta los desayunos son paseos y deliciosas conversaciones laaaaarrrggggaassss.
Todos se quedan por meses. Todos vienen todos los años. Todos saben que en Pondicherry hay tantos secretos en las calles que vienen con la tranquilidad del tiempo a descubrirlos. La inercia es el mejor aliado de la meditación. Y como dice Yi, hay que saber aburrirse.


