

Las mujeres con saris caminando por la playa en Pondicherry, y sus pies hacen música de las pulseras de plata que cuelgan de sus tobillos. Los choclos al carbón y muy spicy, los mangos y papayas a pedir de boca en todas las esquinas, el jugo cocos por todos lados.
La terapeuta francesa que lleva acá un mes y me dio todos sus datos, la periodista coreana que hace todo doble, toma desayuno dos veces, almuerza dos veces y come dos veces, también habla por dos. La pareja de brasileros que están buscando a la guru perdida que da unos abrazos increíbles, la otra coreana que busca sus medicinas y lava compulsivamente su ropa y su marido gringo que esta siempre en estado de opio en la pieza. Todas las middle fifties que están en su segunda adolescencia y se visten de blanco. Los niños que se te acercan corriendo para que les saques fotos y se las muestres. El festival de yoga y bailes típicos. Los ojos de las mujeres mientras bailan. Mis clases de yoga diarias.
Aprendiendo a comer con la mano (toda mi ropa manchada, y eso que traje 5 kilos) aprendiendo a limpiarme con agua (no hay concepto de papel higiénico ni servilletas), aprendiendo a andar sin zapatos.
Aprendiendo a común-nicarme, porque el inglés acá con acento es otro dialecto.
Nunca llega lo que creo pido en los restoranes.
Chicken. Chik-en.
La última vez me llegó una especie de tortilla con coco.
De tanto masaje
ayurvédico estoy traspirando aceite???y no es broma. Estoy casi inmune a los mosquitos o mañana el titular será: muere chilena por intoxicación por
Maha Jumbo.